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Debates actuales acerca del Autismo y el Síndrome de Asperger.<br /> Por Gabriela Dueñas.
(Por Gabriela Dueñas. Disertante en las JORNADAS NACIONALES DE NIÑEZ, que se llevaran a cabo en Salta, los días 2 y 3 de Septiembre de 2016)
“Notoriamente no hay clasificación del universo que no sea arbitraria y conjetural. La razón es muy simple: no sabemos que cosa es el universo”. Jorge Luis Borges en El idioma analítico de John Wilkins

Acerca del “Autismo” y el “Síndrome de Asperger”

En un recorrido histórico sobre el autismo, podemos encontrar que ya en 1801 Jean Itard (médico francés) elaboró un trabajo donde describía las características presentes en un niño que, hoy en día, podría ser llamado un niño autista. Un siglo después, en 1906, Eugen Bleuer (psiquiatra suizo) fue el primero en introducir el término de” autismo” para describir un perfil conductual atípico caracterizado por un estado de “ensimismamiento” y gran distanciamiento de la realidad acompañado de un marcado “aislamiento” social observado desde temprana edad en ciertos niños.

Posteriormente, en la misma época (1943) pero en diferentes continentes, Leo Kanner (psiquiatra norteamericano) y Hans Asperger (médico austriaco), compartieron el mismo tema de investigación, sin saberlo, pero con hallazgos diferentes. Mientras Leo Kanner, a partir de once casos de niños estudiados por él, describe el síndrome de “Autismo Precoz Infantil”, al que identifica por un profundo aislamiento del mundo circundante; Asperger describe un síndrome semejante, caracterizado por una llamativa retracción social, aunque con ciertas diferencias observadas particularmente en el desarrollo del lenguaje.

Se diferencian a partir de entonces dos subtipos de “autismo”: los que no logran desarrollar ningún tipo de lenguaje, a los que se los califica de “bajo nivel de rendimiento”. Y aquellos que sí logran desarrollar lenguaje, aunque con ciertas peculiaridades, frecuentemente acompañado incluso de una prodigiosa memoria (aunque sólo para una selectiva variedad de temas), a los que se los considera de “alto nivel de rendimiento”. A este último, es decir, al cuadro de autismo de “alto nivel de rendimiento”, se lo comienza a denominar de otro modo: “Síndrome de Asperger”- SA-i En la época actual, y de la mano de los profundos cambios socioculturales que introdujeron las Tecnologías Informáticas de la Comunicación, se observa que algunos de estos niños “presentan una alienación y pregnancia a las imágenes de las cuales no pueden desprenderse. Repiten propagandas, fragmentos de películas o personajes televisivos a los cuales quedan adheridos”1.

El Espectro Autista

En los últimos años, todo tipo dificultades de conducta infantil que presenten como común denominador la retracción social y o tendencia al “aislamiento”, se han agrupado bajo el nombre de “Trastornos del Espectro Autista” -TEA-, que se considera a su vez una categoría particular dentro de los denominados “Trastornos Generalizados del

Desarrollo” -TGD-, de modo que el “autismo” se ha visto significativamente ampliado en las taxonomías de la salud mental.

Actualmente el llamado Trastorno de Espectro Autista abarca una amplitud tal de descripciones que no pocos especialistas en el tema advierten en decir que ya no se sabe que es lo que nombra.

Acerca de esta cuestión, Agnès Aflalo, psicoanalista francesa, ha publicado un libro llamado “Autismo: nuevos espectros, nuevos mercados”ii que muestra la evolución sorprendente de la que ha sido objeto la categoría del autismo. Nos dice que en 1980 en el DSM III el autismo infantil ocupaba tres páginas y era juzgado muy raro (2 a 4 casos cada 10.000). Se lo localizaba con más frecuencia en las clases altas, pero no se ubicaba la causa. Luego es alojado en los TGD (trastornos generalizados del desarrollo) y se precisaba que éste reemplaza de ahora en más al diagnóstico de psicosis infantiles. En el DSM IV, el autismo es rebautizado Trastorno Autista (TA). Esta nueva nominación permite absorber dos diagnósticos de retraso mental y movimientos estereotipados y ocupa el doble de páginas.

El autismo a su vez es nombrado como Trastornos Invasivos del Desarrollo (TED) y recibe al Síndrome de Asperger, que recubre lo que la psiquiatría clásica llamaba “psicosis crónica sin déficit intelectual”.

El TA se mantiene como raro porque hay de 2 a 5 casos cada 10.000 personas, aunque ya no se dice más que es de las clases altas, se ha vuelto democrático. En el año 2000, en el DSM IV, el TA continúa creciendo. Ahora ocupa 8 páginas y se dice hay 20 cada 10.000. Al respecto, advierte que ya no se sabe si este crecimiento tiene que ver diferencias metodológicas o un aumento de la enfermedad. Se le suman personalidades esquizoides, fobias sociales, otros trastornos ansiosos, trastornos compulsivos (TOC). Con el DSM V y sus numerosos espectros la situación del autismo se desarrolla aun más. El imperio del autismo se extiende en el interior y en el exterior de la categoría. Los nuevos criterios diagnósticos son reinventados y ahora se llama Trastorno del espectro autista (TEA) y es compatible con el trastorno de déficit de atención (TDAH). La asociación de estos dos trastornos permite facilitar una serie de operaciones estadísticas y nuevas prescripciones médicasiii. Todo esto, más el desacuerdo generalizado sobre las causas, los modos de abordaje y tratamiento hacen que el tema de los autismos sea muy complejo.

De la causa del autismo, a la causa del sujeto.

Como puede observarse, hace ya décadas que existe un marcado interés por saber sobre el autismo y por supuesto, por sus causas.

Al respecto, y si bien la ciencia, desde las mas diversas hipótesis, viene intentando responder a la pregunta por la etiología del autismo, relacionando para esto desde afecciones en áreas cerebrales, anomalías en la neurotransmisión, disfunciones genéticas y hasta intolerancias alimentarias, con la psicopatología del cuadro, ninguna de ellas pudo ser comprobada hasta el momento. Mientras, el psicoanálisis propone interesarse más por cada sujeto, por cada familiaiv, que por una causa universal que, aún si existiera, no podría dar cuenta de las diferencias que existen entre los diferentes sujetos que padecen autismo. Y es justamente aquí, sobre este asunto, que se instala el

debate. Porque para el psicoanálisis, el autismo no se trata de un síndrome, o una carencia; ni de un déficit, o un trastorno. En su lugar, propone considerarlo como una posición subjetiva, en la que se encuentra un sujeto; posición desde la que cada uno realiza un constante trabajo para ubicarse en el mundo; mundo que, como lo señala la clínica, parece resultarles invisible, aterrador. Desde esta perspectiva, por ejemplo, las ecolalias y repeticiones que se suelen observar en estos niños y jóvenes se consideran como esfuerzos para auto consolarse (como un auto tratamiento para la angustia que experimentan). Son toda una invención, que cada uno de ellos realiza y que, por lo tanto, merecen ser acogidos, como la manera singular que han encontrado, para poder habitar el mundo.

Por su parte, desde un paradigma diferente, el enfoque cognitivo-conductual considera que el autismo no se trata de una enfermedad sino de una discapacidad, y por lo tanto, el objetivo terapéutico principal que se propone es educar al niño que se identifica como SA, TEA, o TGD. A través de distintos dispositivos de adiestramiento las Terapias Cognitivo Conductuales (TCC) buscan entonces “normalizar” las conductas atípicas que manifiestan, reprogramando su lenguaje y formas de comunicarse e interactuar con su entorno.

El “sujeto” en el eje del debate.

Los tratamientos psicoanalíticos de las psicosis y de los autismos se fundan en el hecho fundamental de que el sujeto se dirige al otro y busca establecer un diálogo, aunque no sea el diálogo corriente. Sigmund Freud y Jacques Lacan han mostrado que el ser humano es un ser que habla, y que es justamente su ser de lenguaje lo que hace posible la subjetividad, y lo diferencia de los demás seres vivos.

Desde esta perspectiva, el lenguaje no es solamente un sistema de signos de un código, sino que para cada uno, las palabras están anudadas a acontecimientos de su historia que le dan un sentido particular, cargados de afectos y que dejan marcas indelebles, que permiten o impiden el lazo social. En el mismo sentido, entiende que el autismo refiere a un conjunto de síntomas que impiden o dificultan seriamente el proceso de entrada de un niño en el lenguaje, la comunicación y el vínculo social.

Como advierte M. Errecondov: “El sujeto autista presenta una ruptura brutal. El “congelamiento” que se produce se debe siempre a múltiples factores, muchos de los cuales no conocemos todavía. Tampoco los conocen las investigaciones científicas actuales. Pero lo que si sabemos es que el autismo nos confronta al grado cero de la relación del sujeto con el lenguaje y la palabra. Se trata de una palabra que provoca terror, que es una impronta sobre el cuerpo imposible de borrar. Esta es una zona terrible porque los sujetos para tratar de estabilizar la agitación que produce este terror, a veces intentan extraer algo del cuerpo, llegando a la automutilación.” vi

Porque el psicoanálisis lo entiende así, es que insiste en sostener que el tratamiento del autismo no puede, a cualquier precio, reducir al sujeto infantil a un programa de adiestramiento para eliminar las conductas bizarras o a instalar a modelos de comunicación.

A modo de cierre…

Dejando de lado las diferentes discusiones, resulta importante señalar por último, y ya a modo de cierre que desde aquí se adhiere al enfoque que desde el psicoanálisis se realiza de los autismos dado que el mismo se enmarca en el nuevo paradigma de salud mental que desde un enfoque integral permite pensar en los niños como sujetos de derechos, y sobre el cual, además, se apoya desde los últimos años toda la normativa nacional vigentevii relativa a estos temas.

Y esto es, en la medida que propone tratar el sufrimiento del niño, considerando para esto que es necesario escuchar, recibir y alojar la manera -aunque sea bizarra- que tiene de dirigirse al otro y no sólo centrar las cosas en educarlo. Los dispositivos diversos y variados que se ofrecen desde este enfoque son diferentes maneras de aceptar lo que el niño ha inventado para tratar lo insoportable del Uno de la lengua sobre el cuerpo, sabiendo que se puede intentar una nueva alianza, un uso diferente que alivie el sufrimiento y permita una vida más agradable.

NOTAS i Sobre esta temática véase Levin, Esteban, Discapacidad clínica y educación. Los niños del otro espejo. Buenos Aires, Nueva Visión, 2003 y Hacia una infancia virtual. La imagen corporal sin cuerpo, Buenos Aires, Nueva Visión, 2006. i A continuación se reseñan las características peculiares que suelen manifestar los niños que padecerían Síndrome de Asperger, remitiendo para esto a criterios propuestos por distintos autores:

* Algunas características entre los 3 y 5 años de edad: evolución motora normal o retardo leve; lenguaje inicial normal o con retardo, para luego desarrollarse en forma explosiva; interacción social atípica con marcada tendencia evitativa, y fallas en la plasticidad simbólica; habilidades de interacción social comprometidas; peculiaridades en la conversación; dificultad de apropiación de los códigos sociales; trastorno de la empatía; hay deseos e interacción de participar de la vida social, pero carece de estrategias adecuadas; hiperactividad; tendencia al aislamiento; indiferencia; auto- agresión.

* Problemas de conducta en niños mayores: abstracción en demasía; interrupción de conversaciones con comentarios inapropiados; desconocimiento de ciertos códigos sociales; incomprensión de burlas y chistes; reacción desmedida a estímulos sensoriales; poca tolerancia a la frustración; dificultad de comprender su mundo interno; dificultad en la percepción y comprensión de las emociones ajenas; dificultad en implicarse con las emociones de otros (empatía).

* Trastornos del lenguaje. Alteraciones pragmáticas: conversaciones unilaterales; interrupción frecuente del discurso del interlocutor; no utilización de formas de cortesía; inversión en pronombres. Alteraciones prosódicas: tonos agudos; afectación del ritmo del habla, la fluencia y el volumen de voz. Alteraciones semánticas: dificultad en la comprensión de metáforas.

* Características especiales. Intereses desmedidos en algunos temas. Tendencia a coleccionar objetos tales como: boletos de transporte; tapitas de bebida; dinosaurios; planos de calles; banderas del mundo; entre otros.

* Otros síntomas: torpeza motriz; adhesión a rutinas y rituales de juego; estereotipias verbales y/ o motoras; alteraciones sensoriales. ii “Autisme: nouveaux spectres, nouveaux marchès”. Editorial Navarino. iii Fuente: Página 12/ROSARIO. 16 de julio de 2015. iv Se ha insistido en que el psicoanálisis culpabiliza a los padres, pero no es el psicoanálisis que culpabiliza, sino su psicologización que instala un ideal de padres y madres y tipifica las fallas. Por el contrario, el psicoanálisis proscribe toda culpabilización y le ofrece a quien quiera saber sobre sus vicisitudes, encontrar la manera de cómo hacer con eso, de cómo inventar una respuesta singular, intr oduce el respeto y la dignidad del sujeto. v Marcela Errecondo Psicoanalista. Dirección EOL Rosario. vi En una nota publicada en Página 12/ROSARIO el 16 de julio de 2015. vii Entre otras, las Leyes Nacionales de Salud Mental, 26657 y de Protección Integral de Derechos de la Niñez 26061.









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