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“Estoy acá, soy alguien, existo” Por Beatriz Janin
Me entristece que lo único que propongan algunos dirigentes políticos sea bajar la edad de imputabilidad. ¿No piensan que sería mucho mejor crear las condiciones para que los niños y los adolescentes no opten por la delincuencia como modo de ser en el mundo?
Es sabido que cuando un adolescente sufre el ninguneo de la sociedad, cuando se siente siendo nadie para los otros, que su vida no vale nada, es posible que tenga reacciones violentas para decir “estoy acá, soy alguien, existo”. Entonces, cuando los adolescentes recurren a la violencia tenemos que preguntarnos cuándo no los vimos, cuándo no estuvimos. Pienso que lo más importante es lograr espacios en los que las niñas y los niños puedan armar proyectos, espacios en que la ligazón con otros esté dado por el respeto de las diferencias, espacios en los que se los escuche y se los proteja de todas las violencias (las familiares y las sociales) y se considere que su vida es valiosa (no que la policía los puede matar como si fueran insectos y que esas muertes no sean noticia en ningún diario). Si a los únicos que miramos es a los adolescentes que delinquen y los miramos para encerrarlos ¿qué modelo de sociedad y de mundo les estamos ofreciendo a todos los niños?
Vengo planteando desde hace mucho que el tema es la transmisión de una ética. Y eso no se hace con discursos vacíos sino con conductas, con acciones. Se hace cuando los niños son escuchados y mirados cotidianamente, cuando no negamos las penurias que pasan muchos de ellos, cuando las políticas públicas otorgan protagonismo a los que no tienen voz y les permiten aparecer. Cuando la noticia no es que un niño mató sino que un niño está sufriendo el descuido y el maltrato de los adultos y el pedido generalizado no sea que el niño sea detenido sino que el adulto que maltrata lo sea. Cuando frente a la violencia de un niño se le devuelve contención y palabras y no golpes. Sostener una ética de vida implica que los adultos sostengamos ideales y nos descentremos de nosotros mismos y defendamos a todos los niños, sin hacer diferencias. Así como decimos que un niño tiene que recibir la atención psicológica, médica, psicopedagógica, que necesita no por ser “discapacitado” sino por ser niño, también todos los niños, por ser niños, deben tener una vivienda digna, ir a la escuela, comer todos los días, no pasar frío, recibir amor de los adultos que lo rodean, ser valorados y, por sobre todas las cosas, deben tener la posibilidad de proyectarse en un futuro diferente, de sostener deseos. Todos somos responsables, todos nos tenemos que involucrar… pero es el Estado el que tiene que garantizar los mecanismos para que esto ocurra.
Se me ocurren algunas propuestas (que no resuelven la cuestión pero creo que mejorarían la situación):
- Que se refuerce el Plan Fines, ayudando a todos a terminar sus estudios.
- Que los clubes de barrio se transformen en lugares de inserción social para niños y adolescentes y que en cada barrio haya un club para que los niños puedan jugar el deporte que más les guste y realizar actividades como teatro, danza, pintura...
- Que se haga obligatoria la escolaridad hasta el último año de la escuela secundaria y el Estado se haga cargo de algún tipo de subsidio para las familias de esos adolescentes.
- Que las Orquestas infanto-juveniles, que vienen ayudando a sentirse importantes a muchos niños que no hubiesen podido tener un instrumento musical, cobren mayor relevancia y se generalicen (y se les pague a los profesores).
- Que haya más profesionales (psicóloga/os y trabajadores sociales) en los Equipos de Orientación de las escuelas.
- Que en todos los jardines y escuelas primarias haya pareja pedagógica, para poder escuchar y contener a un niño triste, desbordado, inquieto e implementar medidas para ayudarlo.
- Que se hagan planes de trabajo joven, pero de verdad, no con contratos-basura.
- Que tener hijos sea un “plus” para acceder a un empleo y un obstáculo para dejar a alguien sin trabajo.
- Que se castigue duramente a aquél que daña a un niño (así sea un policía o cualquier funcionario).
Quizás sea mucho pedir pero seguro que saldría más barato que crear más cárceles o reformatorios.
Y si queremos hacer sentir el peso de la ley, hagámoslo con los que son efectivamente responsables de la situación y no sobre sus víctimas.
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