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Pantallas, función materna y lazo

La familia en el ciberespacio, la lengua y la invasión de la tecnología

La familia se encuentra invadida por un ciberespacio que obtura la aparición del malentendido como constitutivo del inconsciente. En lugar del Otro encarnado, celulares y otros dispositivos presentan un automatismo sin lugar para el deseo.
Por Liliana Cazenave*
Desde muy pequeños, los niños son tomados por las pantallas.
Desde muy pequeños, los niños son tomados por las pantallas.
Hoy en día el espacio de la familia -donde el sujeto hace la experiencia de la palabra-, se encuentra invadido por el ciberespacio. Las pantallas son introducidas cada día más temprano en la crianza, complementando y en algunos casos hasta supliendo las funciones materna y paterna. Existen aplicaciones de videos para calmar a los bebés, para dormirlos, para que coman, para que se laven los dientes. Estos programas no funcionan simplemente como objetos sustitutos que se alojan en el hueco que cava la pulsión como el chupete por ejemplo, sino que se trata de semblantes imaginarizados del Otro deseante que funcionan automáticamente.

La familia es el lugar donde se nace a la lengua. Hablar en una lengua es testimoniar el vínculo con la familia. Ya los primeros balbuceos son distintos en una lengua y otra (1). Sin embargo, se ve cada vez con más frecuencia en la clínica, niños que hablan en neutro, o con el acento mexicano de los doblajes de los dibujos animados, o de modo robótico, dando cuenta de otro modo de inserción en el lenguaje.

Y cabe preguntarnos si la transmisión de la lengua, propia de la función materna, no está en estos casos afectada, ya que estos objetos de la tecnociencia inciden sobre lo real del cuerpo y su goce. Cuando por distintos avatares el deseo materno decae, las pantallas pueden constituirse en el refugio o la alternativa que el niño encuentra para suplirlo.

Para que la lengua se encuentre con el cuerpo del viviente y se encarne, es necesario que sea introducida por la madre o, más precisamente, por la función materna. Es la madre, y en su horizonte el padre, quien la introduce. Es así como lalengua, neologismo inventado por Lacan para designar los efectos de goce del lenguaje, se materializa y parasita el cuerpo del viviente. Pero para que este cuerpo del viviente advenga cuerpo del sujeto, esta lalengua habrá de inscribirse, corporizarse(2).

La característica que define a lalengua es su equivocidad, su malentendido. Lo esencial para el nacimiento del ser hablante es la transmisión del malentendido de lalengua, de un equívoco particular inscripto que lo marque con un goce particular.

Para que el malentendido de lalengua que constituye el inconsciente se transmita, es necesario que «se reparta entre dos parlantes que no hablan la misma lengua y se completan para la reproducción de un malentendido» (3). Si la transmisión es de Uno solo sin hacer jugar al Otro, no habrá malentendido ni imposibilidad a transmitir (4).

El Otro de la lengua que vehiculan las pantallas es un Otro desencarnado que no se presta a la contingencia del encuentro, un Otro programado que no se presta al malentendido.

El texto e imagen de los programas informáticos se elabora a partir de la escritura digital, escritura cuyo alfabeto se reduce a la pura diferencia del 0 y el 1, escritura automática y autónoma, separada del autor y por lo tanto de la subjetividad. Se trata de un puro automatismo en donde no entra la dimensión humana del malentendido (5).

La lógica de los programas informáticos parte por otro lado, de la posibilidad de modelizar las reglas y estrategias, si se trata de un juego, o, puede abarcar cualquier aspecto de la vida, como por ejemplo el programa Siri, el asistente personal inteligente de Apple, que modeliza las emociones. La singularidad del sujeto, fuera de programa, queda evacuada. Se trata de una nueva articulación de la verdad que nos hace olvidar la imposibilidad de lo real, lo que hace que en la época se tienda a negarlo.

1‑ Miller, J. A., Cosas de familia en el inconsciente. Revista Mediodicho Num. 32. Cordoba.

2‑ Miller, J.A., Biología lacaniana y acontecimiento del cuerpo. Colección Diva, Buenos Aires, 2002

3‑ Lacan, J., El malentendido, Inédito.

4‑Cazenave, Liliana, Traumatismo y responsabilidad. ¿Cómo interviene el analista? Psicoanálisis con niños y adolescentes. Grama ediciones, Buenos Aires, 2007

5‑Sauval Michel, Algunos efectos de la digitalización en la cultura. Letra Urbana, Revista digital.

*Psicoanalista. Miembro EOL y AMP.