Niños en crisis. Por Gabriel Donzino
País en crisis; crisis social; crisis internacional; quiebras económicas y morales, caída de valores e ideales en el final del milenio. Adultos en crisis, niños también.
Variadas formas de nombrar malestares que a veces por cotidianos, se escapan a la conceptualización. Delimitar dentro del campo específico de la clínica psicoanalítica con niños, qué entendemos por crisis, qué aspecto es el que nos compete, es la primera aproximación a realizar sobre este tema.
El término "crisis" tiene popularmente una amplia connotación psicológica pero no forma parte del entramado conceptual psicoanalítico clásico. No hay referencia a éste en la obra freudiana, no figura como concepto, al menos en el Diccionario de Psicoanálisis (Laplanche y Pontalis, 1981) ni en el del Pensamiento kleiniano (Hinshelwood, 1992).
Entre los analistas de niños más importantes la mayor referencia al concepto es en relación con la "crisis edípica" y la "adolescente". Winnicott (1971) lo toma en alguno de sus trabajos en el sentido amplio del término al mencionar, por ejemplo, que "el período de la pubertad puede progresar sin grandes crisis" o que los padres provean al niño "en la salud y en la crisis". En la presentación del caso Erna por Melanie Klein (1932), y del caso Juanito por Arminda Aberastury (1962), estas autoras se refieren a "crisis" para denotar una situación de extrema ansiedad, angustia o rabia, sin una precisión metapsicológica.
En los tratados de psiquiatría infantil (Ajuriaguerra y Marcelli, 1987) su aparición es frecuente aunque también de un modo descriptivo (crisis de llanto, de angustia; crisis evolutivas, adolescente, etc.), sin determinar cuál es el sentido que le otorgan al término. Françoise Dolto (1973), contribuye a la comprensión del término "crisis" asociándolo al momento cúlmine de la resolución edípica, acmé de la introducción de "la prohibición absoluta, para siempre, de la realización del deseo incestuoso" y en la adolescencia a "una forma particular del conflicto entre pulsiones genitales heterosexuales y pulsiones genitales que permanecieron homosexuales".
Las puntuaciones de Maud Mannoni y fundamentalmente de Octave Mannoni (1989) sobre la "crisis adolescente", me han resultado el intento más preciso por ubicar teóricamente la noción. Etimológicamente crisis (del griego Krisis; del latín crise), significa "juicio". El diccionario la define con las siguientes acepciones:
o *Cambio rápido que sobreviene en el curso de una enfermedad, en sentido favorable o desfavorable.
o *Mutación importante en el desarrollo de otros procesos.
o *Situación de un asunto cuando está en duda su continuación, modificación o cese.
o *Grave perturbación de la actividad económica, política o del aspecto físico o espiritual.
Consideremos ahora que la crisis en cuestión es la psíquica y que los procesos descritos en las definiciones son fenómenos atribuibles al de constitución del aparato psíquico, siendo la niñez y la adolescencia el paradigma más apto para nuestra reflexión. La primera consideración enlaza la crisis con la patología. Reparemos que la referencia al "curso de una enfermedad", presupone un estado mórbido en juego del cual la crisis sería homologable a su cenit, reconocible clínicamente tal vez por el nivel sintomal. También podríamos considerar que dicho proceso mórbido previo no promueva síntomas en sentido estricto sino trastornos de cierta magnitud, efecto de fracasos en el proceso de estructuración del aparato.
El armado del psiquismo requiere de puntales sobre los que erigirse. La alusión a "mutaciones importantes en otros procesos" evoca las posibles fallas o quiebres en las funciones de soporte parentales, con las que el niño debe contar para su constitución subjetiva.
Pero la definición nos advierte además sobre el desenlace imprevisible en la resolución de una crisis. El concepto freudiano de series complementarias nos presta nuevamente su utilidad para restar peso traumático a un solo factor, a la vez que abre la dimensión de autoorganización y metabolización del aparato en perjuicio de una relación directa causa-efecto.
Recordemos que crisis no equivale a enfermedad. Hay crisis "normales" (mutativas, transformadoras) indicadoras de que una reorganización se produce en la psiquis, efecto de exigencias pulsionales que promueven nuevas inscripciones y reordenamientos representacionales (por ejemplo: el Edipo y la adolescencia).
Otras acepciones encontradas en diversos diccionarios corroboran las apreciaciones precedentes y justifican precisar que las crisis:
ï sobrevienen en un aparato en estado de conflicto o tensión que obliga a la recomposición del equilibrio sin poder determinar a priori su dirección resolutiva.
ï pueden causarse sobre un estado de salud aparente o sobre otro de cronicidad, por acción accidental de factores externos o
internos.
ï se detectan en su punto álgido, evidenciable clínicamente sólo en su cenit.
ï pueden ser un proceso en evolución que tiende a lograr su reorganización.